En la cultura occidental, fue
Carl G. Jung quien los utilizó en terapias con el objetivo de alcanzar la
búsqueda de individualidad en los seres humanos. Según sus investigaciones, los
mandalas representan la totalidad de la mente, abarcando tanto el consciente
como el inconsciente y el arquetipo de estos dibujos se encuentra firmemente
anclado en el subconsciente colectivo.
También son definidos como un
diagrama cosmológico que puede ser utilizado para la meditación. Consiste en
una serie de formas geométricas concéntricas organizadas en diversos niveles
visuales. Las formas básicas más utilizadas son: círculos, triángulos,
cuadrados y rectángulos.
El mandala representa al ser
humano. Interactuar con ellos nos ayuda a curar la fragmentación psíquica y
espiritual, a manifestar la creatividad y a reconectarnos con nuestro ser
esencial. El trabajo de meditación con mandalas puede consistir en observar o
dibularlos para dar rienda suelta a la creatividad.
El uso de los colores en los mandalas posee un significado especial
relacionado con el estado de ánimo de quien los pinta.
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